Sole Zeta
14-02-2024 16:09

Estamos en plena temporada de premios. En pocos días tendremos la entrega de los Oscars. No sería justo decir que es el Mundial de los Gordos Cine, sería demasiado, pero a lo mejor llega a ser la final de la Champions, que no es poco. Nos preparamos mirando las nominadas, armamos prodes, nos juntamos a comer cosas y gritarle a la pantalla con amigues. Linda actividad para el verdadero arranque del año.

Pero tengo un tema con el premio principal: pese a que todas las miradas siempre recaen sobre él, siento que muy pocas veces el Oscar a la Mejor Película va a alguien que lo merezca.

Antes de que alguien me revolee un ladrillazo al grito de «Pedazo de forra, tu mejor film fue para envolver un sanguche que te llevaste a un picnic del día de la primavera», déjenme explicar: no estoy diciendo que las nominadas son malas. En general son BUENAS películas. El problema es que rara vez alcanzan la verdadera GRANDEZA. ¿A qué me refiero? Vamos por partes.

Oscars

1)  Debe ser buena

Andrew Sarris, en sus Notas sobre la Teoría del Autor de 1962 establece una máxima: «Un gran director debe ser, al menos, un buen director«. Me parece un criterio razonable para robarle. ¿A qué nos referimos por «bueno»? Que no tenga problemones evidentes. Una buena película debe ser técnicamente competente: desde cosas obvias como enfoque, exposición, y continuidad, pasando por respeto a reglas de composición y montaje y finalmente que no haya nada que rompa la inmersión, como efectos especiales horrendos. Las actuaciones deben ser creíbles, el guión debe tener coherencia lógica interna.

Por supuesto, habrá excepciones a todo esto. Si una película punk filmada en Super 8 se ve granosa, es normal. Si un encuadre rompe reglas de composición tradicionales para transmitir algo, está perfecto. No estamos hablando de dogmas estéticos, estamos hablando de competencia técnica.

Plano de Clerks

Clerks es una GRAN película, tal vez la única de Kevin Smith, a pesar de que técnicamente va para atrás. Si hacés una película por el valor de un auto, tenés derecho a algunas asperezas.

Obvio que con cumplir estos requisitos mínimos no alcanza. Una película técnicamente correcta pero sin alma, con suerte llegará a ser relleno para una tarde de lluvia. El tema es que este es el piso para empezar a hablar.

2) Debe tener alma

Una vez que la película es no-mala, el siguiente escalón es tener algo para decir. Esto no tiene por qué caer en una forma ramplona como la moraleja o la bajada de línea política (aunque a veces pueden ser opciones válidas). Lo importante es que la obra tenga algo para decir sobre la condición humana. Una tesis.

Los Siete Samurais

Hay mil jidai-geki, pero Los Siete Samurais se eleva por sobre el resto porque tiene alma además de espadas.

Sin una tesis, la única incógnita es si el protagonista logrará su objetivo. ¿Atrapará el detective al asesino? ¿Logrará el padre valiente rescata a su hija de una catástrofe? ¿Logrará la protagonista de la película navideña entender que su vida glamorosa en la gran ciudad no vale nada al lado de formar una familia con su ex compañero de secundaria que siguió siendo laburante en su pueblo rural? Sí, eso entretiene, pero no pasará de ahí.

La GRAN película tiene algo para decir sobre la vida. No, no un monólogo, sino que la conclusión debe demostrarse por las consecuencias de las acciones de los personajes.

Plano de The Room

Hipótesis: The Room es una GRAN mala película porque, a pesar de todo, tiene alma. Un alma nefasta, pero alma al fin.

3) Debe ser única

La GRAN película nunca es una más del montón. Siempre tiene algo que la distingue. No hace falta que reinvente la forma del cine, pero tiene que aportar algo.

¿Qué es ese algo? Puede ser cualquier cosa. Puede ser una innovación técnica o visual. King Kong, Jurassic Park o Matrix son GRANDES películas porque nos hicieron ver cosas que creíamos imposibles. Puede ser una innovación en la estructura narrativa, como casi cualquier entrada en la filmografía de Christopher Nolan.

Plano de Jurassic Park

En 1993 esto no se veía todos los días, les juro.

Un film puede ser el primero en darle voz a una clase de personaje, o tocar determinado tema. Por supuesto, esto sólo vale la primera vez (o, al menos, la primera vez con un buen presupuesto de marketing). Es muy loable ver películas hoy sobre la segregación racial o la esclavitud en EEUU, pero llega un punto en el que más o menos todes ya entendimos que esas cosas están mal. Si vas a volver sobre un tema ya muy explorado, que sea de una manera original. ¿Qué me da tu historia del Holocausto que no hay visto ya en mil otras películas sobre los males del nazismo? Vale también para el cine argentino sobre la dictadura, por supuesto: Argentina, 1985 logró interpelar al público porque mostró el horror dentro de un género que no habíamos visto, la «película de juicio».

4) Debe ser inolvidable

Así como la mera competencia técnica no alcanza, algo puede ser innovador o rupturista y aún así pasar sin pena ni gloria. La década de 2010 nos dio muchas películas nominadas que llamaron la atención por alguna particularidad, pero luego fueron mayormente olvidadas por el público. Algunos ejemplos pueden ser The Artist (perdón Jime!) (Nota de la Editora, Jime: Pero The Artist es inolvidable!!!) como película muda del siglo XXI, Boyhood y su rodaje de años acompañando la maduración de su protagonista, o Birdman y su formato de plano secuencia. Todas llamaron la atención en su estreno, ninguna perduró demasiado como parte de la discusión cultural.

Acá me parece que hay un secreto del que poco se habla: los seres humanos rara vez recordamos películas. Lo que realmente se queda grabado en nuestra memoria son las escenas memorables. El final de Casablanca, Vito Corleone escuchando al funebrero en El Padrino, Neo esquivando balas en Matrix: son imágenes poderosas atadas a personajes fuertes. Porque el cine es, antes que nada, un arte visual.

Plano del final de Casablanca. Humphrey Bogart e Ingrid Bergman

«We’ll always have Paris»

Pasa incluso con obras menores, eh. El motivo por el cual tantos nerds de alrededor de 40 años piensan que Revenge of the Sith está a la altura de las originales, es porque sólo recuerdan sus mejores momentos (que son excelentes). El «Save Martha» de Batman v. Superman quedará en la historia, pero es el menor de los problemas del film. Y nunca podré recordar bien qué cuernos pasaba en Atomic Blonde, pero jamás olvidaré a Charlize Theron tirando lookazos en Berlín oriental.

Plano de Atomic Blonde

¿Qué, vos no te vestirías así para una misión secreta a finales de la Guerra Fría?

Sí, esto va en contra de lo que dice todo manual de guion. «Kill your darlings» dice la teoría: sin importar cuán buena sea una escena, sólo debe quedarse en el guion si mejora el conjunto. Sarasa. Eso es una buena receta para hacer una película correcta, no una GRAN película.

Hacer una peli de sábado a la tarde con cierta seguridad o apostar al Olimpo de Hollywood pero con chances de perderlo todo.

Esa es la disyuntiva. Go big or go home. Duro, tal vez, pero la gloria no es para los cobardes.


MECHA es un proyecto comunitario que hacemos a voluntad. Si te gustó este artículo, te proponemos invitarle Cafecito a su autor/a/e como reconocimiento.


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Sole Zeta
Co-editora de este antro. Nerd profesional. Estudiante tardía de gamedev. Además soy trans.