Hernan L
03-04-2024 11:03

Desde que buena parte de la sociedad nacional decidió que el suicidio era una opción más o menos decente para sus inquietudes políticas (votar a Milei), es que noté (y hubo alguna coincidencia en general) la responsabilidad de las redes sociales en el desquicio social. Así como en el 2015 fue Facebook y Cambridge Analytica, en el 2023 fue Twitter (y Elon Musk).

Para ser francos, la injerencia de Twitter en la vida política nacional, que es a fin de cuentas la que nos interesa, cumple ya sus dos lustros. Recuerdo, no sin un pinchazo de bronca, una entrevista de Clarín a ciertos tuiteros populares de la época 2011/2015 en la cual se adscribían una porción del éxito de Macri en la elección a presidente.

Twitter es un micromundo.

Traducción del tuit: «¿Cuán boludo chupapija tenés que ser, para seguir enviando dinero al New York Times. Debe ser como comprarle a Monsanto publicidades en DVD»

En Argentina los últimos registros daban unas 8 millones de cuentas. No es muy probable que estén todas activas, pero considerando que el 50% de ellas lo estén, estamos hablando de un porcentaje de entre el 12 y 15% del padrón electoral. Un guarismo importantísimo que, con un efecto cascada intrafamiliar, tracciona una elección.

No es un error de ninguna clase financiar cuentas de Twitter para legitimar un relato o un candidato. Es el camino que han elegido las derechas de la actualidad, aprovechando que ahora, aparte, la Red pertenece a uno de los suyos.

Personalmente, mi uso de Twitter era muy marginal. Siempre me sentí mas cómodo en Facebook y mas específicamente, en las comunidades de Facebook, los grupos. No obstante, cuando entré a escribir a un medio de gaming, me sugirieron –con intensidad– que resucitara mi cuenta, la cual tenía desde el 2008. Así es que, desde fines del 2020, empecé a darle mucho más uso a Twitter y a entender un poco sus “mecánicas” y como se maneja el tuitero promedio.

Audacia y provocación

Una de las diferencias mas notorias que se encuentran hoy entre las RRSS es que, de un tiempo a esta parte, han transformado su tipo de uso. Dado su gentilicio: RED SOCIAL, su objetivo histórico era entonces SOCIALIZAR. Generar o redescubrir una RELACION, que es en todo momento algo equilibrado. Uno entra(ba) a Facebook para hacer amistades. Una conexión de dos vías.

Las RRSS posibilitaron la instauración de figuras algo rupestres: el “creador de contenido”. En Youtube, el Youtuber. En Twitter, el Tuitero. En Instagram, el Instagrammer. Y así. Con la invención de ese personaje, se construyó la idea de audiencia. El creador de contenido, crea contenido. Hace un video sobre algún tema; escribe dos o tres twits inteligentes o graciosos por día; filma reels o hace stories haciendo un bizcochuelo. Contenido rápido y pasatista que, como subproducto, va degradando nuestra capacidad de atención.

Ahora bien, por su formato y porque siempre fue un lugar donde el anonimato era casi una virtud, es que en Twitter prevaleció el contenido mas “edgy”. No es curioso que la mayoría de los carpetazos provengan de Twitter, pues es el lugar donde las personas se atreven a ser mas cáusticas o audaces. Y esto es así porque los no anónimos (los James Gunn por ejemplo) tenían que competir en visibilidad con cuentas anónimas que no tenían ningún límite.

No lo tienen aún hoy donde Twitter es la red social que permite porno, gore, y cualquier clase de comentario discriminatorio sin regulación.

Ahora bien, mientras se concentraran en decir barrabasadas por un par de likes y un shot de endorfinas, vaya y pase. El problema es cuando descubrieron que siendo así  tenían la capacidad de influir políticamente.

 

Mecánicas del twittero profesional

Twitter te caga la cabeza.

No hay forma mas directa de decirlo. Hay responsabilidad personal porque la red te lleva a buscar esa popularidad que consiguieron algunos que “pegaron un tuit” cuando “creador de contenido” no era la carrera a perseguir. ¿Qué significa esto? Muchas de las cuentas mas populares de Twitter viven de haber amasado su troupe de seguidores hace más de una década cuando era una fracción pequeña de la sociedad la que quería ser famosa vía redes sociales.

Tengo que explicar una de las “mecánicas”, es todo tan místico que muchos de ustedes van a patalear incluso aunque en el fondo sepan que es así. El tuitero de profesión se maneja de esta forma:

Se le ocurre una idea para un tuit, lo programa para los horarios de más actividad. Si hay algún twit decente de alguien con pocos seguidores le dá like (fundamental para esto que se sigan mutuamente por la razón que sea). Si tiene muchos seguidores, lo retuitea y a menudo con CITA. Porque quiere que el citado lo vea.

Si es medio conventillero, puede que se meta en alguna polémica del día, o incluso un “subtweet”, que es básicamente insultar a otro twittero sin nombrarlo ni ser muy directo sobre el tema por el cual lo insulta. Esto es así para poder negar cualquier acusación.

Si una cuenta verificada con muchos seguidores lo empieza a seguir, devuelve la gentileza. Caso gracioso, tengo “amigos” en Facebook que no me devolvieron el follow en Twitter. E incluso trabajé con gente que se negaba a la reciprocidad. En Twitter, el número de seguidores es importante para tu propia relevancia en la red, e incluso para conseguir trabajo. Son muchos los medios de comunicación que buscan “creadores de contenido” y cuya referencia para la búsqueda está en el número de seguidores, que en el 2024 es tan importante como “el amigo que labura ahí”. La mayoría de los nuevos medios semi radiales de stream se nutre de twitteros populares.

La relación TWITTER – MEDIOS DE COMUNICACIÓN es fascinante y merece por si sola una secuela de este artículo.

Decía que Twitter te caga la cabeza porque te lleva a buscar esa popularidad. Te lleva a ser edgy, a pelearte con cualquier paparulo en búsqueda de likes. A perder el tiempo en un doomscrolling eterno donde lees cientos de miles de tweets en los cuales se destila odio y maldad en buena parte de ellos.

Y funciona. Porque se viralizan.

Si el objetivo es “pegarla”, la pegan. No es el único contenido que pega, ojo. Hay muchísimas cuentas que son “exitosas” con contenido mas inocente o wholesome o hilos de interés general, pero es que los cimientos de Twitter están tan adentro del pantano que es el barro y la mugre lo que resulta orgánico a la red. Y por supuesto, la pestaña “PARA TI”, invento surgido post toma de posesión del minero sudafricano, es el algoritmo mostrando lo peor que exista.

Los tuiteros, como personas, también son pasibles de tener una ideología política o de ser cooptados monetariamente por los seguidores de una. Es así que un tuitero con 200 mil seguidores tiene la posibilidad de influir en el pensamiento de una fracción de ellas y generar ese efecto cascada.

https://twitter.com/PonzistaAnti/status/1765155048462397509

Twitter (y Tik Tok) son bastante responsables del “Fenómeno Milei”. A través de sus muros se erigió una narrativa que los transeúntes de esa “calle online” vivieron durante muchas horas de cada uno de sus días de los últimos 5 años. Cuentas de cientos de miles de seguidores operando para instalar al candidato “outsider” que, a la postre, también vivía en Twitter.

“Es uno de nosotros”.

Por eso es que es muy importante que SALGAN DE TWITTER.

Pero todavía queda mucho por hablar, como los tipos de tuitero que existen y como funcionan dentro de la matriz; que saldrá en una segunda entrega. Finalmente la conclusión, será de alguna manera el manifiesto que estoy propagando desde que ganó Milei. La necesidad de salir de la lógica observador y observado. Influenciador e influenciado.

(fin parte 1)


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Hernan L
Redactor de muchos años. Stalino.