

166: Los orígenes de Milo J
Seré sincera. Hasta hace poco, no había escuchado un solo tema de Milo J. Independientemente de su popularidad y de como copaba la conversación cada vez que se traía su nombre, nunca me tomé el tiempo de sentarme a escuchar un proyecto suyo, más allá de esos temas que han gozado de reconocimiento internacional, como su EP con Bizarrap que lo catapultó a una fama increíble y le dio mayor presencia.
Si analizamos la figura de Milo J, nos encontraremos con un artista que de un momento para otro logró romper la monotonía del trap argentino con sonidos nuevos y una idea distinta de cómo hacer música. Su voz única lo hizo ganarse el lugar que tiene ahora como uno de los mejores artistas latinoamericanos y el proyecto del cual vengo a hablar hoy en este pequeño escrito es la prueba absoluta de ello.
Antes de arrancar a hablar del álbum, me gustaría reflexionar un rato sobre la figura de Milo J en la escena y como ha terminado parándose enfrente de gigantes de la industria o figuras ya consagradas. Varios artistas lo catalogaban como el futuro de la música en Argentina, pero algunos quizá no tomaron en cuenta que ya era el presente. Considero que Milo es como un caballo de Troya en sus primeros años como artista: en la superficie te trae trap y música urbana, con un estilo que ya escuchaste antes, pero en realidad está cargado con la naturaleza del más puro folklore, tradicional pero atemporal.
No es coincidencia ni milagro que el éxito de Milo sea tan notorio: supongo que satisface una necesidad de algo nuevo, de lo cual podamos estar orgullosos como país. Un tipo de música que sea correcto exportar, que se note que viene de Latinoamérica. El estilo de Milo hasta 166 era marcado por la propuesta de música urbana, tomando influencia de sus mayores inspiraciones, como el sample del Flaco Spinetta en su sesión con Bizarrap, que se parecía a otra propuesta revolucionaria dentro del género, siendo ésta la ofrecida por el aclamado Mir Nicolas. De hecho, me parece muy interesante como la tapa de ambos proyectos en su versión Deluxe (siendo 166, y SP.I.) tienen el mismo color, pero esto no trata de Nico.
En los últimos meses, la figura de Milo no solo ha existido como un recuerdo del potencial que tiene la buena música argentina, sino que también ha sido una figura importantísima para concientizar y dar mensajes de memoria y verdad, en tiempos donde ser NN (necio y negacionista) parece ser la norma.
El trabajo de Milo no es solo artístico: es un soldado de la cultura.
Se posiciona en una industria que no hace eco de su historia musical y se enfoca en copiar o acostumbrar a su público a un sonido casi genérico, para demostrarle a sus oyentes el nivel de artistas que ha parido este suelo. Milo tiene la misión de cuidar el legado de la música argentina. Es una cruzada en la que se ha envuelto desde que hizo su cover de “Negra Murguera”, una canción que emana sentimiento popular.
Y popular es la palabra clave, porque además de serlo por fama, Milo es del pueblo. Como nieto de una desaparecida, ha tomado el escenario para traer a colación muchas preguntas que la audiencia de un género tan monótono como el trap no tiene ganas de debatir, ni de siquiera considerar. En una sociedad donde la gente que escucha música declara con efusividad que no se tiene que mezclar con la política (cuando, al ser un arte, es inherentemente política) Milo existe como un individuo que en el momento dado dará una declaración contundente a favor de la cultura que pregona. Una que parece más cercana, viendo su reciente incidente con el gobierno nacional, y la censura de su presentación en la Ex-ESMA.
Si Milo es soldado de la cultura, 166 es una muestra de su origen. Enfrente de la abundancia de un éxito prematuro, Milo se refugia en Morón para contar su historia y traer un sonido mucho más maduro y consciente de sí mismo. No le importa el oro, las “chains”, la plata, y los “charts” sino sus amigos, y su libertad, como el mismo declara en “ANTES DE LOS 20”.
El fragmento del comienzo, con una grabación de un pequeño Camilo, marca la pauta de este álbum: esto es volver a casa y recordar. Recordar cuál fue la motivación inicial que lo llevó a hacer música, entender quién es en este mundo tan automático. Milo ya presentaba esta duda existencial desde su EP con Bizarrap: como la figura de “Madrid” aparecía representando el lugar donde las estrellas se juntan y te ponen a prueba. 166 es la certeza que él no tenía en el momento de haber grabado ese EP.
“NI CARLOS NI JOSE” refleja esa idea de entenderse a sí mismo, Milo preguntándose por qué la comodidad de “haberlo logrado” lo hizo perderse. Con frases como “Estoy más cuerdo, y menos maldito” nos demuestra que ha madurado junto a su música, y sabe exactamente lo que quiere hacer en el futuro. A través de la reflexión, revive sus memorias y los sacrificios que hizo para gozar de la gloria. No sé si fue la intención, pero el juego de palabras que hace con “Morón” y “desmorono” me parece ingenioso, porque logra su objetivo de reflejar incertidumbre ante la inmediatez de la vida de “star” que tanto buscaba cuando recién arrancó.
En cierta medida, existe como lo opuesto a sus contemporáneos. Este es un álbum experimental para Milo, no solo por los sonidos que explora sino por la temática que tiene. Es el álbum de su vida, pero no se enfoca en el éxito material y en lo que ostenta como magnate, sino en lo que verdaderamente importa, como diría Bad Bunny en “Debí Tirar Más Fotos”. En un año donde ciertos proyectos con el mismo enfoque dejaron mucho que desear, se inundaron en el costumbrismo y en la premisa de “darle a la gente lo que quiere escuchar”, Milo nos recuerda lo importante que es para el artista hacer lo que quiera, no lo que le dé más ingresos. No contento con el impacto que tuvo 166 en 2024, lanzó una versión Deluxe en 2025 con temas aún más experimentales y concisos.
Hay una canción en este álbum que me parece impresionante: “NO HAGO TRAP”. Comenzar el tema con un fragmento de Duki, el símbolo del trap argentino mencionando el nombre de Milo J y seguirlo con la frase “El trap es trash que el mundo dejo atrás” me parece una declaración de principios inmensa, que mucha gente no tomó en cuenta viendo la caja de comentarios de su videoclip.
La voz cruda y pesada de Milo acompaña el ritmo de un tema que existe para romper una pared. Es algo que no te imaginás que es capaz de hacer alguien como él, que siempre se ha mostrado como alguien de perfil bajo, pero declara: “No hago trap y soy más trap que el trap”. El dilema del trap argentino siempre fue tratar de encontrar la figura que conecta todo, quién es más “trap”, pero acá Milo plantea una crítica no solo al concepto del trap como género, sino a la cultura que tiene detrás.
Este tema siento que también se conecta con “3 PECADOS DESPUÉS” y “DAÑA (ELVIRA)” como el mismo Milo, separándose del resto de la industria que forma parte, plantando bandera y demostrando que no podés encapsular a un artista de semejante envergadura en algo vacío como el trap en tiempos modernos. En “DAÑA (ELVIRA)” toma de referencia a Neo Pistea, pero nos recuerda que él ya no quiere hacer trap, sino puro folklore. Incluso se toma el atrevimiento de restregar las conexiones que ha hecho en el mundo de la música, nombrando a La Sole y Los Primos Carvajal.
Está harto de ser encasillado en un género que no lo representa, no solo por una cuestión musical, sino por una cuestión cultural. Este álbum literalmente arranca con el fragmento de Charly García diciendo que tienen que prohibir el autotune: un elemento que ha sido clave en la propagación del trap. No sé si está planteado como un “diss” pero realmente se siente así, está harto de los silencios cómplices y lo artificial de la industria.
En mi bingo de 2025 no tenía a Milo en el mismo lugar que otros artistas como Dillom, María Becerra y Lali, pero independientemente de lo diferente de sus géneros, algo los une y es el atropello a la cultura, a la música que hacen. Lo que también los conecta es diferenciarse de sus contemporáneos, quienes cierran la boca frente a muchas injusticias. En 166 Milo no lo dice textualmente, pero deja en claro que no le agrada esa complicidad, ni como al mismo tiempo, los álbumes que hacen estos artistas no ofrecen más que presumir de un éxito con el que pocos pueden conectar.
Él mismo declara en “HIPPIE” que justamente es un hippie, aun si no lo parece. El tema termina con un sample hermoso de “Los Dinosaurios” y una grabación intercalada de un aventurado diciendo que está en España y a cara de perro. La música es mágica, porque en ella algo simple puede ser complejo, obviamente, esa idea de ir a cara de perro nos plantea una soberbia tan argentina como real.
Incluso temas como “BUEN DÍA PORTACIÓN DE ROSTRO” están cargados de reclamos: reflejan los prejuicios que enfrentan algunos jóvenes de este país frente a la policía. El mismo Camilo dice que la plata y el oro no le va a sacar nunca el mal sabor de boca que le dejó cagarse de hambre, carga con su realidad como un recuerdo de su humildad. Volvemos a la idea central del álbum: recordar, revivir y reflexionar, para enfrentar el futuro con certeza y demostrar lo importante que es ser verdadero. Podríamos decir que Milo con este gran álbum le hace justicia a la música argentina y se encarga de seguir el legado de mansa calidad que nuestro país construyó a base de artistas legendarios.
166 es un álbum latino(ameri)cano de Milo, pero es un proyecto de Camilo que goza de memoria, verdad, y justicia para consigo mismo.
Nuestra Villana de la Semana es Roma Faliani:
“Escritora, creadora de contenido, hincha de Gimnasia y amante de la música. Me gustan los deportes falsos, los sanguchitos de miga, y el Persona 3. Mi sueño es conocer el Nippon Budokan.”
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